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domingo, 28 de octubre de 2018

65 - Croacia. Zadar, islas de Vir y Pag

Desde el 1 al 4 de Agosto, 2018.

Para estas vacaciones en Croacia, al igual que el año anterior en Grecia, decidimos que una combinación de coche  y pequeños hoteles o casas de alquiler nos podrían ofrecer una buena perspectiva de una zona del país, alternando playas y descanso con visitas a lugares de interés. Elegimos la región central, ya que el norte lo habíamos visitado en un anterior viaje en furgo y el sur, por ejemplo Dubrovnik, no nos apetecía demasiado por la masificación turística que padece esa parte del país. 

Volamos a Zadar haciendo escala en Berlín. La escala fue corta y el viaje combinando dos aerolíneas no nos resultó pesado. El aeropuerto de Zadar es muy pequeño y cómodo, y a pesar de que las ventanillas de migraciones se colapsan con cada vuelo, incluso la bienvenida de los agentes fue muy amable.

Para recoger el coche de alquiler estuvimos esperando alrededor de una hora... casi más que menos, y como siempre nos insistieron e intentaron meternos miedo con respecto al seguro total que nosotros habíamos contratado por nuestra cuenta.  A estas alturas ya sabemos como funcionan esas cosas.

Nos alojamos en las afueras de la ciudad, muy cerca del mar en Apartman Vera, en la calle Put Klementa 7 (99€ por dos noches), aunque nos costó un poco encontrarlo ya que está en el interior de una calle. El recibimiento fue muy bueno y el apartamento estaba genial. Completísimo en cuanto a equipamiento y muy fresco. Nos acomodamos y salimos a pasear por la costa. Por esa parte no hay buenas zonas de baño, pero igual encontramos  un puesto donde nos pudimos refrescar y nadar un poco.

Por la mañana nos fuimos con el coche hasta el casco antiguo de la ciudad. Nos habían comentado de un aparcamiento gratis justo antes de entrar. Tuvimos suerte con el aparcamiento así que empezamos bien. 



Zadar, en la región de Dalmacia, es una ciudad muy bonita, de unos 85.000 habitantes y no tan visitada por el turismo. En determinadas partes de la ciudad aún se observan restos de edificios y murallas muy antiguos que comprueban las diferentes etapas por la que fue pasando la ciudad.






Visitamos las calles del centro, que estaban decoradas con imágenes de la selección de fútbol del país por su destacada actuación en el mundial de Rusia, la famosa iglesia prerrománica de San Donato, del siglo IX, los parques, su paseo marítimo y en especial el órgano marino, que es el símbolo de la Zadar moderna y que consiste en un ingenioso sistema de tubos y aberturas hechos de piedra blanca que con el movimiento del agua emite sonidos musicales. A pesar del sol y el calor, nos quedamos un buen rato allí con los pies en el agua disfrutando del sonido relajante y del buen ambiente del lugar.








Nos metimos luego en el mercado y compramos comida para almorzar en el apartamento.

Luego de una buena siesta, cogimos el coche y nos fuimos a recorrer hacia el norte, siguiendo por el mar. Como ya sabíamos, no hay (o casi no hay) playas de arena, generalmente los lugares de baño son de piedra o son embarcaderos y muelles, casi todos en uso, donde la gente descansa y comparte baño con las barquitas.  Cruzamos el puente a la isla de Vir, pasando por una zona bastante desolada. Allí encontramos un desvío ya al atardecer hasta una cala de arena. Al estar en un sitio bastante aislado no había mucha gente, pero a su vez lamentamos que había demasiada basura dejada por los irrespetuosos de siempre.




Nos bañamos un buen rato allí y ya casi de noche tuvimos que soportar unos buenos atascos y retenciones para volver a la ciudad.

A la mañana siguiente, después del desayuno, partimos hacia la isla de Pag, también al norte de Zadar y unida por un puente al continente. Habíamos reservado una habitación en un pequeño pueblo llamado Jakisnica, casi en el extremo norte de la isla. Antes nos detuvimos en Nin, un hermoso y pequeño pueblo medieval que ocupa una pequeña isla unida por un puente romano (en ese momento estaba dañado por una riada) a tierra firme. 









Nos sorprendió la geografía desértica y agreste de la zona. Justo antes de cruzar a Pag, después de pasar por el pueblo de Miletici, nos desviamos unos pocos metros de la carretera principal hasta un embarcadero o astillero aparentemente abandonado pero que tenía el agua tan clara que invitaba al baño. También era sorprendentemente profundo, y a poquísimos metros de la costa.



Estuvimos allí hasta que nos cansamos y luego cruzamos a Pag. Antes de seguir para el norte nos fuimos hacia el oeste, a Povljana, donde comimos muy bien en un restaurante, y luego volvimos hacia el norte. Seguimos sorprendidos de lo desértico del paisaje, no parece Europa o el Mediterráneo.






Dejamos atrás la ciudad de Pag, que da nombre a la isla... o viceversa. Algunos llaman a esta ciudad "La Ibiza del Adriático" por su ambiente de fiesta, discotecas y turismo joven (ya tenemos mucho de eso en Mallorca). 




Llegamos justo a nuestro alojamiento para una buena siesta. Rooms Bambina (70€ por dos noches) no está en primera línea de playa y la habitación es un poco pequeña, pero nos resultó igualmente agradable. Nos recibieron muy bien y todo era muy tranquilo.



El pueblo de Jakisnica es muy pequeño, caminamos siguiendo el mar y nos quedamos a la tardecita a bañarnos y a ver una hermosa puesta de sol en unas rocas desde las cuales se podía acceder al agua que tenía una transparencia extraordinaria.





Después del desayuno nos fuimos para Lun, el pueblo más al norte de la isla y nos quedamos a pasar la mañana en una playa cercana. Volvimos a almorzar a nuestra habitación, pero antes nos fuimos hasta el embarcadero de uno de los ferries que une la isla con el continente por el Este para averiguar precios y horarios. Por la tarde volvimos una parte del camino a Pag porque habíamos visto desde la carretera una cala que parecía bonita. Nos costó un poco llegar, pero a pesar de que estábamos en plena temporada alta y que era sábado por la tarde éramos los únicos que estábamos allí. La verdad que por la forma de la cala, desde cerca no era tan impactante como se veía desde la carretera, pero a nosotros nos gustó mucho estar allí.








Al día siguiente a las 9:00hs nos subimos al ferry para cruzar a la parte continental y alejarnos del mar por unos días.









sábado, 21 de octubre de 2017

64 - Grecia. Península de Pelion, nuestros últimos días en Grecia.

Desde el 09 hasta el 16 de Agosto, 2017.

La península de Pelion (también traducida como Pilio o Pelión) se desprende de la costa este del centro de Grecia siguiendo el contorno de una cadena montañosa y tiene forma de gancho. Volos es la ciudad donde empieza esta península y está ubicada en el extremo norte del golfo Pegasítico, formado por la península y el continente. Habíamos elegido Pelion como destino "de mar y playa" porque nos lo habían recomendado, aunque no estaba en nuestros planes originales. 

Desde Meteora viajamos directamente hasta Volos, rodeando Trikala y Larisa. Tampoco entramos en Volos y la rodeamos por su autopista de circunvalación. Una vez fuera de la ciudad paramos en una gasolinera a repostar combustible y en un supermercado a reabastecernos de provisiones para los días que íbamos a estar en la península.




Habíamos reservado una casa por dos noches en Paltsi, un pueblo minúsculo junto al mar en la costa oeste de la isla. Antes fuimos parando en otras playas del norte que a pesar de ser más famosas, como Kala Nera, no nos llamaron demasiado la atención. Enseguida notamos que a medida que íbamos hacia el sur el paisaje se tornaba más agreste e interesante. 

Una vez que pasamos el pueblo de Argalasti y nos desviamos hacia el oeste, prácticamente nos quedamos solos en la carretera, incluso lo suficiente para no encontrar a nadie cuando nuestro navegador GPS enloqueció y nos enviaba insistentemente por un camino de cabras intransitable hacia ninguna parte. 

Al final y por pura intuición llegamos hasta la zona del pueblo, pero aún así no encontrábamos la casa. Por suerte esta vez alguien nos vio y nos indicó la dirección correcta a la que dirigirnos. 

Casa Cleopatra, el lugar donde habíamos reservado alojamiento, es una propiedad de gran tamaño que han dividido en casas y apartamentos para vacaciones. El entorno es precioso, el lugar amplio, aislado de todo, con vistas al mar y a los acantilados de la costa. Nos recibieron muy bien aunque como ya nos habían informado por email, nuestra casa "no estaba disponible" y nos instalaron en un apartamento que según sus emails tenía las mismas comodidades. Nosotros nos preguntábamos si este apartamento valía lo mismo que la casa que habíamos pagado, aunque al comentarlo sólo tuvimos evasivas, y la mujer sólo hablaba en italiano. Enseguida nos trajeron una fuente de quesos y jamón italiano para disipar nuestras dudas.

A pesar de parecernos un lugar genial no llegamos a estar del todo conformes ni a gusto. La propiedad tenía todas las comodidades que describía en Booking.com: cocina, vistas, aire acondicionado, etc.. Pero como fuimos dándonos cuenta en el transcurso de la estadía, estas comodidades no eran tan reales. Para usar la cocina había que ir a un lugar en el parque central donde se compartían las instalaciones con los otros huéspedes, a modo de hostel (la kitchenette del apartamento era poco más que decorado). El aire acondicionado era portátil, sumamente ruidoso y para nada efectivo, ya que el agujero de salida del aire caliente no coincidía con el de la pared y volvía al cuarto, y el techo prácticamente no tenía aislación térmica, con lo que dormir era difícil porque tampoco había ventiladores y la ventilación natural era casi nula. Los vecinos de nuestra habitación, pasaron sus noches en unos sillones en el jardín, suponemos que por el mismo motivo.

Pero lo más llamativo de nuestra estancia en Casa Cleopatra era que teníamos menos intimidad que en un hotel. Todos compartíamos todo (ruidos incluidos) y desde cualquier lado se veía todo el interior de las "casas" o "apartamentos" de los otros. A tal punto que teníamos que cubrirnos para salir de la ducha de nuestro propio sitio.

Estuvimos dos noches allí, y a pesar de que pedimos hablar con la dueña, que estaba en la propiedad, no tuvimos la suerte de que aparezca. La señora que se encargaba de nosotros, en cambio estaba todo el tiempo pendiente, nos traía frutas, pastas y toda clase de atenciones. Pagamos nuestra estancia más cara en Grecia (63€ por noche), nos cobraron un extra al momento de la reserva por la limpieza (20€ que tampoco era el fuerte del lugar) y nos quedamos algo confundidos sobre si teníamos que priorizar hacer caso a las continuas atenciones o si realmente nos habían cobrado de más y sólo nos estaban compensando para que no nos quejásemos de que nos habían vendido algo que realmente "era pero no era" lo que pactamos. En lo que llevamos viajado nunca habíamos tenido antes esa sensación.

Aparte de nuestra experiencia con el alojamiento, el pueblo tenía una playa muy bonita y, aunque al momento que la visitamos el mar estaba algo movido, nada impidió que nos diésemos un baño y la disfrutásemos mucho. 







El segundo día de nuestra estancia salimos temprano para recorrer el sur de  la península y realmente nos conquistó. Playas, calas increíbles de agua cristalina color turquesa y mucha naturaleza. Había poca gente en la mayoría de los lugares y los paisajes eran de postal. 








Pasamos por varios pueblos a orillas del mar y llegamos hasta Alogoporos, un pequeño embarcadero desde donde se va a la isla de Palaio Trikeri, nos dimos un baño y volvimos a Trikeri, un pueblo muy típico y probablemente el más grande del sur de la península. No encontramos una taberna donde comer y seguimos por el camino que circunvala esa parte de la península a bastante altura y cayendo prácticamente en vertical hacia al mar. Las vistas hermosas, el paisaje mediterráneo y seco.






Donde el camino vuelve a nivel del mar llegamos a Agia Kiriaki, un pueblo mediterráneo de postal. La carretera se vuelve angosta y pasa entre filas de casas y pasarelas sobre el agua. Tuvimos que detenernos a preguntar si estábamos equivocados o efectivamente era el camino correcto para salir de allí. Los lugareños están acostumbrados a que los viajeros se asusten de ver la calle, y hay que ir prácticamente rozando las paredes, macetas, árboles, bicicletas y barandillas durante unos 300mts. hasta pasar del otro lado. Es precioso, pero puede ser estresante para el que lo hace por primera vez, sobretodo si viene alguien de frente y hay que hacer mil maniobras o retroceder un largo trecho.










Una vez pasado el pueblo, encontramos donde estacionar y volvimos al puerto. Nos decidimos por una taberna familiar y sencilla justo al lado del mar y comimos estupendamente sardinas y calamares que estaban riquísimos.

Un par de kilómetros fuera del pueblo encontramos una playa de pedruscos con sombrillas de mimbre (públicas y gratis) y nos quedamos allí a descansar y a bañarnos un par de horas.





Rodeada la parte final de la península, el camino para volver era el mismo por el que habíamos venido pero con la diferente luz de la tarde los paisajes cambiaban. Nos detuvimos en los pueblos costeros para buscar alojamiento donde pasar un par de noches más en la región, pero esa zona estaba casi al completo y no tuvimos suerte, al menos caminamos bastante y los conocimos mejor.






Como en Casa Cleopatra no teníamos señal de móvil ni internet, al pasar por Argalasti nos conectamos y aunque había poca oferta encontramos una casita en Airbnb para alquilar en Neochori, en el interior y centro de la península.

Nos despedimos de nuestro "no muy confortable pero bonito" alojamiento donde la señora italiana nos pidió por favor que lo valoremos en Booking positivamente.  Antes de salir para Neochori, bajamos a otra de las grandes playas cerca de donde estábamos, esta vez el mar estaba calmo y el lugar muy bonito.

Dimitris, el dueño de la casa de Neochori, nos fue guiando y dando indicaciones sobre como llegar a su casa, ya que el pueblo es de lo más intrincado y con muchas calles sin salida o intransitables para vehículos.

La casa de Dimitris (55€ por noche) es de estilo tradicional, y aunque no lo preguntamos, seguro que había pertenecido a sus abuelos. Estaba perfectamente limpia, rodeada de frutales y bien equipada (sin aire acondicionado, esas casas no lo necesitan) y con la decoración y muebles antiguos.





Cocinamos nuestro almuerzo allí mismo, lavamos nuestra ropa, ordenamos nuestras cosas y disfrutamos del frescor de la casa. Por la tarde fuimos a recorrer la costa noreste de la península por carreteras de montaña muy verdes y unos paisajes imponentes. Llegamos hasta la playa de Agia Seranda, una de las más famosas del lugar. Y la playa se merece la fama, aunque había también mucha gente.







Cenamos tranquilamente en casa y volvimos al día siguiente a recorrer la carretera de montaña. Aunque esta vez bajamos hasta playas más cercanas: a Kalambaki, una cala de ensueño por la mañana y a Lambinou por la tarde, otra cala más pequeña pero con muchísimo encanto.












Dimitris nos había recomendado que visitásemos su pueblo y que cenásemos en la única taberna que estaba en la plaza central. Así que una vez de vuelta en casa nos preparamos y salimos a recorrer el lugar.

Alejado de las playas y con poco turismo, Neochori se mantiene casi intacto y genuino. Caminarlo nos hacía retroceder décadas en el tiempo y el ambiente veraniego pueblerino nos hacía recordar nuestra niñez.

La taberna ocupaba con sus mesas gran parte de la plaza central y estaba llena, los niños corrían por todos lados y olía a buena comida, cosa que comprobamos con una estupenda cena. Nos dimos un banquete por 17€ y volvimos a la casa. Nos subimos a la terraza y vimos unas cuantas estrellas fugaces, era la noche del fenómeno de las Perseidas y no nos lo queríamos perder.






Con algo de pena por no haber estado más tiempo en el lugar, nos marchamos por la mañana rumbo norte siguiendo la autopista que une Atenas con Tesalónica.  A medio camino y siguiendo las indicaciones de Dimitris y amigos, nos desviamos en Antigua Dion para  visitar el famoso Monte Olimpo.





Una vez entrado en la zona donde empieza el parque nacional, hay varios caminos para hacer senderismo y, si se está de paso como nosotros, lo ideal es detenerse y caminar unos minutos hasta un lugar por donde pasa un río que en su caudal forma diversas cascadas y piscinas naturales que aprovechamos lo más que pudimos. El paisaje precioso, y aunque está bastante concurrido, tampoco es agobiante.








Nos detuvimos de vuelta en el pueblo de Antigua Dion en un restaurante familiar, pasamos por Katerini con algo de lluvia y seguimos por caminos secundarios hacia el norte hasta Vergina, ciudad con unos yacimientos arqueológicos muy importantes pero que no visitamos porque llegamos sobre la hora de cierre. En cambio nos alojamos en el Olympia Guesthouse (30€) y luego hicimos unos kilómetros más hasta la ciudad de Veria.




Esta pequeña ciudad es muy interesante para recorrerla a pie, como hicimos nosotros. Hay decenas de iglesias antiguas (más de setenta) desperdigadas por toda la ciudad, monumentos y barrios antiguos muy pintorescos, algunos restaurados y revalorizados y otros en los que las edificaciones literalmente se están cayendo por falta de mantenimiento. Es verdad también que, en algunos sectores, esa dejadez es parte del decadente atractivo de la ciudad.




Hicimos un circuito muy completo que venía recomendado en un folleto y mapa informativo de la ciudad y nos llevamos una muy buena impresión del lugar. Para cenar, deshicimos los 13 kilómetros hasta Vergina y cenamos en el restaurante de un hotel del pueblo.











Por la mañana pusimos rumbo a Tesalónica, aunque tuvimos tiempo de hacer buena parte del trayecto por caminos rurales tranquilos y pintorescos.

Llegamos puntuales a la zona del aeropuerto y devolvimos el coche en la oficina de la empresa de alquiler. Ante nuestra sorpresa, ni siquiera lo revisaron,  es más, nosotros fuimos los que les hicimos notar los fallos debido a la edad del coche, el consumo excesivo de aceite y otros desperfectos. El operario sólo se reía y ponía caras de circunstancia. Como compensación tuvieron la amabilidad de llevarnos hasta el hotel donde íbamos a pasar nuestras dos últimas noches en Grecia, que quedaba a poca distancia de la empresa.

Nos alojamos en el Avalon Hotel (52€ por noche con desayuno), un alojamiento de 4 estrellas, piscina y traslados gratis del cual quedamos muy contentos. Si bien está alejado del centro de la ciudad, su cercanía con el aeropuerto lo hacía muy conveniente para nosotros.

También tenían traslados gratis a un gran shopping center, donde pasamos una tarde y al día siguiente nos llevaron hasta la estación de buses desde donde nos subimos a un autobús urbano que nos llevó hasta una playa cercana. Cerca de la ciudad de Tesalónica no hay playas bonitas, o están muy sucias. Pero a nosotros nos vino bien pasar el día tumbados en la arena, leyendo y tomando el sol. Comimos allí mismo en un restaurante sencillo donde la comida, como en casi todos lados, estaba deliciosa.

Una vez en el hotel, cenamos muy bien allí mismo en el restaurante del establecimiento, y por la mañana de nuestro último día nos llevaron hasta el aeropuerto para abordar un vuelo con destino a Atenas. Desde allí y sin poder sacar la tarjeta de embarque por internet, por algún tipo de ley local, tuvimos que hacer una cola larguísima para obtenerla y al final nos subimos puntuales al vuelo de Vueling que nos trajo primero a Barcelona y luego a nuestra isla.

Viajar por Grecia nos sorprendió gratamente porque a pesar de todas sus crisis y de la creciente tendencia europea de normalizar precios, servicios y actitud, es un país que sigue manteniéndose auténtico, amigable, único... Grecia marca su propio ritmo, y nosotros lo agradecemos mucho ¡Hasta la próxima, ευχαριστώ!