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domingo, 4 de septiembre de 2016

52 - Escandinavia, hacia el norte del norte de Europa.




Teníamos la inquietud desde hacía tiempo de conocer y recorrer los países escandinavos: Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, incluso la parte de Rusia que comparte la península con Noruega y Finlandia. Sabíamos, a base de tópicos, que nos íbamos a encontrar con paisajes preciosos, una sociedad altamente desarrollada, precios altos y, por supuesto: frío.  Nos apetecía comprobar todo eso, pero también descubrir todos los matices intermedios que escapan a los viajes organizados y visitas de corto tiempo a las capitales o los famosos cruceros a los fiordos. Para eso y haciendo cálculos sobre el tiempo que teníamos para nuestro recorrido  y las distancias a recorrer, nos propusimos cruzar Suecia de sur a norte, llegar hasta el mítico Nordkapp (Noruega), el punto más septentrional de Europa al que se puede llegar en coche  y volver hacia el sur recorriendo la costa noruega, trayecto que nos demandaría mucho tiempo debido a lo complicado de su orografía.

Contábamos con algo más que un mes, y el recorrido desde Mallorca hasta el "otro inicio" del viaje, la costa sur sueca, son unos 2500km con ferry desde Mallorca a Barcelona incluido. Tanta distancia en "modo desplazamiento" nos daba algo de pereza, pero al final pensamos que el esfuerzo de hacer tanto camino por autopista sería compensado luego por otros tantísimos kilómetros de naturaleza y bellos paisajes. Preparamos nuestra furgo con ropa de abrigo, provisiones de alimentos para todo el tiempo del viaje y partimos...





Del 13 al 16 de Julio, 2016



El primero de tantos ferries que tomaríamos fue cerca de casa, en Alcudia. Hace la línea regular diaria hacia Barcelona saliendo a las 12:30hs.  y llegando a las 20:00hs. a destino, el viaje fue placentero y tranquilo. Temíamos que a esa hora salir del puerto de Barcelona en dirección a Francia sea un caos de atascos como en otras ocasiones, pero tuvimos suerte de que el tráfico de las Rondes de Barcelona era razonablemente fluido y pudimos avanzar bien hasta la frontera.



Condujimos hasta las 23:30hs por la autopista francesa hasta el área de descanso de Florensac. Las autopistas de peaje en Francia son caras, pero también brindan buen servicio, cada 5 kilómetros hay áreas de descanso parquizadas con baños limpios, y mesas de pic-nic. Durante el recorrido una emisora de radio FM acompaña con  música, noticias y constante información de tráfico, accidentes, retenciones, clima, etc., también el estado de las autopistas y la señalización es inmejorable.




Por la mañana siguiente, después del desayuno y como nos propusimos hacer camino poco a poco y no cansarnos demasiado por tantas horas conduciendo, nos detuvimos a caminar un rato por el pueblo medieval de Remoulins donde también repostamos combustible a mucho mejor precio que en las gasolineras de la autopista. Almorzamos en el área de  Boitrait, que tiene un bosque, lago, agua potable y punto de reciclaje de residuos. Cruzamos Lyon, nos desviamos hacia el este y nos detuvimos en otra área de descanso muy bonita a darnos una ducha en un bosque aprovechando la buena temperatura y antes de que unas nubes muy negras que anunciaban lluvia nos lo impidiesen.








El chubasco nos cayó en Mulhouse, una ciudad no muy grande de Alsacia muy cerca de la triple frontera con Alemania y Suiza a la que nos propusimos visitar brevemente antes de cruzar  a Alemania. A pesar de la lluvia pudimos caminar por el casco antiguo, que estaba casi desierto y que nos gustó mucho. Aprovechamos para llenar nuevamente el depósito  de gas oil y en poco tiempo ya estábamos en una "autobahn" alemana. Al final pensamos que tendríamos que habernos quedado del lado francés. Al no tener peaje, las autopistas alemanas están cargadísimas de tráfico, especialmente de camiones y los servicios y zonas de descanso no son tan cómodas como las francesas.





Intentamos entrar en un pueblo por si encontrábamos una zona de pic-nic, parque o parking en el cual estemos más a salvo de los ruidos del tráfico, pero después de dar unas cuantas vueltas, no ver nada que nos apetezca, y ya estando muy cansados, nos subimos a la autopista y nos quedamos en un área de servicios cerca de Freiburg, resignados a dormir con grandes camiones como decoración de nuestro dormitorio.

Al final no dormimos tan mal, que hayamos estado tan cansados creemos que fue una buena razón. Por la mañana seguimos por las autopistas cada vez más congestionadas y salimos para visitar Heidelberg. Nos costó un poco encontrar el centro de la ciudad porque a pesar de estar muy cerca, nuestro gps insistía en enviarnos a cualquier lado. Al final encontramos el centro y un lugar para estacionar así que hicimos una breve caminata y de paso descansamos de conducir.

Después de parar a comer en una gasolinera y detenernos afuera de la autopista en un camino rural abandonado para ducharnos, ya bien entrada la tarde nos desviamos nuevamente hasta un precioso pueblo (que elegimos al azar, y por estar razonablemente cerca de la autopista) a comprar en el supermercado local y a conocer un poco "el interior". Lo que no nos gusta de las autopistas, es que generalmente son muy monótonas y no permiten apreciar nada del paisaje, pueblos, ciudades, o simplemente las zonas rurales que la rodea, por lo que cuando podemos salimos a despejarnos y a conocer un poco el entorno.

Pasamos por los alrededores de Hannover y unos cuantos kilómetros después encontramos un área de descanso completa, relativamente alejada de la autopista y sobre todo tranquila donde pasamos la noche.



A la mañana siguiente nos desperezamos tranquilamente, desayunamos y salimos a eso de las 9:00hs para hacer los más de 400km que nos quedaban hasta Sassnitz, el puerto donde embarcaríamos en un ferry hasta Trelleborg, en el sur de Suecia. Si tenemos en cuenta que en las poderosas autopistas alemanas no hay límite de velocidad máxima, que en fin de semana no circulan camiones, que cuentan con tres carriles en cada sentido y que con nuestra furgo podemos perfectamente alcanzar los 120km por hora, las cuentas parecían sencillas....

La realidad fue que el tramo de la Autobahn 7 entre Hannover y Hamburgo fue un completo caos de atascos, uno tras otro. Estuvimos casi cuatro horas y media para hacer sólo 70km. lo que agotó completamente nuestra energía y nuestro buen humor.



Llegamos al puerto de Sassnitz alrededor de las 17:00hs, más cansados que lo que esperábamos,  un puerto que se encontraba desierto. Deambulamos un poco por las instalaciones hasta que dimos con la terminal y la oficina en la que nos confirmaron que el ferry partía a las 23:00hs y que podíamos hacer cola. Pusimos nuestra furgo en posición y nos fuimos a caminar más o menos una hora por los alrededores. Puntualmente dos horas antes de la partida abrieron la taquilla, compramos el ticket que nos costó 204€ y luego como aún quedaba bastante tiempo, hicimos lo que todo el mundo: ir a un supermercado de bebidas alcohólicas, en nuestro caso más para pasar el rato que para comprar, pero los demás pasajeros se lo tomaban muy en serio, ya que en Suecia el alcohol tiene precios prohibitivos y con más de 5º se vende sólo en unos locales estatales llamados "Systembolaget".




Exactamente a la hora prevista embarcamos en un barco enorme del cual al llegar, ante nuestro asombro, descendió una formación completa de ferrocarril. Toda la maniobra fue fluida y rápida a pesar de la cantidad increíble de vehículos que había.

Encontramos unas butacas no tan cómodas e intentamos relajarnos y descansar, ya que la hora de llegada al puerto de Trelleborg era a las 3:15 de la madrugada y queríamos tener energías suficientes para comenzar con el verdadero objetivo del  viaje. Ya estábamos en el Mar Báltico.





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