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domingo, 13 de noviembre de 2016

57 - Escandinavia. Islas Lofoten.

Desde el 30 de Julio al 1 de Agosto, 2016.

Las Lofoten, si se ven en un mapa con poco detalle, se asemejan más a una península puntiaguda que se separa de la costa que a un grupo de islas separadas por estrechos.



Nos despertamos tranquilos y contentos porque al final el mal tiempo parecía que nos iba a dar una tregua. Y nuestro siguiente destino bien merecía ser visto con un poco de sol brillante, así que a las 9:45hs partimos hacia Svolvaer, la ciudad principal del archipiélago de la que nos encontrábamos a unas 3hs de camino 



El camino entre Hastad y Svolvaer serpentea entre cadenas de montañas en las que aún quedaban restos de nieve, muchos lagos, el omnipresente mar, bosques y praderas verdes. También seguimos cruzando túneles, contamos unos 7 sólo en ese tramo, casi todos bastantes extensos, el más largo de 6, 4kms. de longitud.








Llegamos sobre el mediodía a Svolvaer, si bien es bastante turístico, también es una ciudad pequeña y muy bonita, tiene un puerto rodeado de restaurantes y  mucha vida. También estaban preparando un escenario de lo que sería un festival de verano. En todos lados había ambiente de fiesta. Suponemos que el día soleado y templado ayudaba a subir los ánimos. 








Decidimos seguir camino y nos desviamos de la ruta principal hacia el norte hasta un pueblo llamado Hov, donde intentamos encontrar un buen lugar para prepararnos el almuerzo. Al final nos quedamos al reparo de uno de los puentes que unen las islas cerca de la carretera principal.





El archipiélago de las Lofoten es famoso históricamente por su actividad de pesca y salado de bacalao. Esto es evidente en todos los puertos pesqueros de las islas, en los que los colores azul profundo del agua, las embarcaciones y las casas pintadas de vivos colores hacen un perfecto contraste con el verde y el gris de las montañas. También vimos varias calas de agua transparente y playas de arena blanca dignas de una postal caribeña o de nuestro Mar Mediterráneo, eso sí, a unos 200kms. sobre el Círculo Polar Ártico.



Al final llegamos hasta el último punto transitable de las islas, la localidad de Å, un pueblo precioso rodeado de estructuras de madera típicas de la zona donde cuelgan a secar los bacalaos. Encontramos un lugar para estacionar y recorrimos prácticamente todo el pequeño pueblo caminando. 










Como ya era bastante tarde, aunque aún con la interminable claridad estival ártica, nos pusimos a buscar un lugar donde pasar la noche. Ésto se nos hizo un poco difícil, al haber pocas carreteras y ser un lugar con mucho turismo, especialmente de autocaravanas, ciclistas y moteros, a la hora que nos pusimos a buscar parecía que todos los espacios posibles estaban ya ocupados. Al fin desviándonos de la carretera principal cerca de un pequeño pueblo llamado Sund encontramos un hueco al costado de una carretera poco transitada en la que estuvimos muy tranquilos.



A la mañana siguiente y con el tiempo amenazando con arruinarse otra vez partimos bastante tarde, pasadas las 11:20hs y seguimos hacia el este por un camino alternativo a la carretera principal que une las islas entre Nusfjord y Lyngvaer. Por tramos, esta ruta se une a la principal y en el momento que pasamos por una de esas playas preciosas que habíamos visto en el camino de ida no pudimos resistirnos: nos pusimos nuestros trajes de baño y nos metimos al agua, que como ya imaginábamos estaba helada, a tal punto que parecía que se nos clavaban miles de agujas en el cuerpo. Pablo resistió un rato sumergido y Malén sólo hasta la cintura. Luego terminamos de ducharnos en un grifo de agua potable que había en la misma playa.









Llegamos bien para coger el ferry de las 18:30hs desde Lodingen hasta Bognes, que hace el trayecto en poco más de una hora, cuesta 286Kr (31,50€) y nos ahorraba un viaje por tierra bastante importante. Desgraciadamente el buen tiempo ya era sólo un recuerdo y las nubes bajas y la llovizna persistente estaban otra vez presentes. 




Ya en Bognes y retomando la E6, luego de hacer unos cuantos kilómetros, encontramos un lugar para quedarnos en un descampado bastante sucio al costado de la carretera, pero como el tiempo estaba malo y ya estábamos muy cansados no nos pusimos muy quisquillosos al respecto.

Sistema de recolección selectiva de residuos: En la mayoría de supermercados de Escandinavia la gente lleva sus residuos separados por categorías, introduce su tarjeta de crédito y según la cantidad y tipo de residuos depositados, recibe el pago directamente en su cuenta (sí, el ciudadano recibe dinero por depositar basura reciclable).

Con la siempre presente lluvia partimos de vuelta a las 9:00hs y seguimos por la E6, ya que con poca visibilidad no era lógico internarnos en carreteras secundarias o que pareciesen escénicas. Nos detuvimos para hacer compras en un supermercado en Fauske y luego, la E6 se interna bastante tierra adentro pasando por un valle de poca vegetación y que por el clima actual parecía bastante extremo. En el momento en que la carretera circula entre dos parques nacionales nos topamos conque ya estábamos cruzando de nuevo el Círculo Polar Ártico, ésta vez en dirección sur. El clima hacía honor al lugar y estaba realmente frío, con lloviznas y nubes bajas.



En el sitio donde cruza la línea imaginaria hay un edificio de moderno diseño con tiendas de recuerdos, restaurante y centro de interpretación, así como varios monumentos exteriores donde sacarse las pertinentes fotos conmemorativas. También hay un gran parking que estaba repleto de vehículos de todo tipo, y nos sentimos un poco turistas al ser parte de la manada. Allí nos acordamos de cuando cruzamos la misma latitud hacia el norte del lado sueco, donde el monumento es sólo restos de una tienda de recuerdos abandonada y un cartel explicativo... pero estábamos absolutamente solos.






Ya bajando del valle y volviendo a la zona de bosques encontramos un área de picnic con mesas techadas donde pudimos preparar el almuerzo a pesar del mal tiempo. Es notable la calidad de estas áreas de descanso, con baños en excelente estado de conservación y limpieza y con todos los accesorios para un descanso y una estadía placentera.





Pasamos por Mo i Rana con sólo 12º de temperatura donde visitamos el centro y la oficina de información turística. Seguimos por un camino que bordea a gran altura un fiordo hasta el pequeño puerto de Nesna, pero unos 15 kilómetros antes de llegar encontramos un área de picnic ubicada en un mirador con vistas impresionantes en el cual decidimos pasar lo que quedaba de la tarde y la noche. Allí coincidimos con otros viajeros con los que estuvimos charlando un rato. Por suerte había dejado de llover y había claros de sol que nos permitieron disfrutar de un peculiar atardecer sin puesta de sol sobre el Mar de Noruega.








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